domingo, 5 de julio de 2009

Mi primer refrito

¿Alguien conoce algo más irritante que un capítulo de refritos? Si, son esos capítulos en los que, con el fin de ahorrarse escribir cuatro fruslerías, los guionistas de la serie deciden, con cualquier excusa tonta, recuperar los mejores momentos de capítulos anteriores para tener algo que entregar a los productores esa semana. Yo no tengo productores, capítulos ni, posiblemente, ningún mejor momento como escritor de blog (aunque al haber tenido momentos, alguno ha tenido que ser el mejor), pero lo que si tengo es una cara que me la piso y un blog en el que escribo lo que quiero, así que como he estado muy ocupado este último mes y aún no he escrito nada (pero adelanto que el material es muy bueno, hemos estado en un rodeo y tenemos casa nueva), y se que al publico hay que darle lo que quiere, que son dos letras que echarse a los ojos para ganarle cinco minutos al trabajo, os dejo aquí fragmento de un correo que escribí hace casi diez años, que ha llegado de nuevo a mis manos por uno de esos caprichos del destino y que espero os entretenga mientras termino con mi último post.


“...gracias por la música que nos hace mágicos.

Después de nada, tengo poco que comentar. Dónde estoy, cómo y por cuánto tiempo son detalles irrelevantes. Conocerlos no cambiará vuestro menú para la cena de esta noche. Mucho más trascendente es promocionar el servicio de reciclado de basuras, y no olvidar que no se pueden tirar colillas por la taza del water. Miles de peces mueren cada día víctimas del asma.

Esto me recuerda una anécdota didáctica:

Cuenta la leyenda que Isaac Newton descubrió la teoría de la gravitación universal, cuando, mientras descansaba plácidamente bajo un manzano, le cayó una manzana en la cabeza. Lo que pocos saben es que años antes, un físico italiano llamado Lorenzo Peani estuvo a punto de llegar a las mismas conclusiones, pero desgraciadamente a él se le vino encima un piano de cola. ( Por ello fue el inventor del encefalograma plano y de uno de los gags cómicos más socorridos de todos los tiempos.) También podemos leer en los textos oficiales que Galileo Galilei demostró que la velocidad de caída de un grave no depende de su masa, arrojando desde lo alto de la torre de Pisa un par de pelotas de distintos pesos. Pues recientes investigaciones llevadas a cabo por un servidor demuestran que lo que arrojó fue una pelota y un piano de cola, porque sabía que Lorenzo Peani pasaba por debajo. ( Ambos físicos se tenían mucha tirria debido a una amarga polémica sobre si los fetucinni eran ptolomeicos o copernicanos.)

Lo cual me recuerda que he olvidado el resto de la anécdota.

En otro orden de cosas, ahora trabajo en el departamento de investigación y desarrollo de IBM. Ellos no lo saben, pero no dejaré que eso afecte a mi carrera.

La verdad es que lo del trabajo esta chungo. El otro día estaba mirando la sección de relax de "El País" y encontré un anuncio que decía :" Se busca joven conocedor de los animales para documental." Estaba justo entre " Fea, gorda, pago yo" y " Comunista lascivo busca fascista sodomita para hacer justicia". Todo lo que sé sobre animales se reduce al salto del tigre y el león de la metro, pero la necesidad manda y fui para allá. Resultó que se trataba del National Geographic. Por lo visto los animales de la sabana africana no habían llegado este año a un acuerdo con los reporteros gráficos por no se qué de los estatutos y se habían declarado en huelga de patas caídas. No pensaban filmar ni una sola escena hasta que sus peticiones fueran escuchadas. Me explicaron que la economía mundial dependía del rodaje de los documentales de animales. No sólo la economía mundial, sino también el equilibrio cósmico. Si pasase un sólo día sin rodar un documental de animales, el universo se colapsaría sobre si mismo como un castaña pilonga y se destruiría. Así que hice lo que cualquiera hubiese hecho: salvar el universo, no por altruismo, sino porque vivo en él. La idea era coger a unos cuantos tipos, disfrazarlos de animales y rodar el documental. Me dijeron que nadie se daría cuenta, que era una práctica bastante habitual. De hecho, en el 99% de los documentales de animales no sale ningún animal real. El 1% restante son documentales de amebas. Es muy difícil hacer de ameba y sólo hay unos pocos especialistas en todo el mundo. Viaje dieciséis horas de avión hasta Kenia para rodar en un estudio cerrado con decorados de cartón piedra. El caso es que yo hacía de gacela Thompson. Tenía que corretear un poco perseguido por un francés enorme que hacía de león. Era sencillo cuando le pillabas el truco a los saltitos y todo fue bastante bien hasta la hora del bocadillo. Un furtivo idiota me disparó mientras engullía mi brunch de salchichón y me desperté en el museo de historia natural de New York cuando estaban apunto de taxidermizarme. Me costó convencer a aquellos biólogos de que no era una gacela Thompson. No se lo terminaron de creer del todo hasta que les canté " My bambina " con voz de falsete. Me soltaron en la gran avenida, sin dinero, y disfrazado de gacela Thompson. Me detuvieron instantáneamente y dos enormes policías me encerraron en una celda con un Tambor y dos Mickey Mouse. Pensé que me acusaban de escándalo público, pero cuando traté de explicarme me enteré de que me habían confundido con un miembro de la banda de Papá Noel, un grupo de traficantes de armas. Estaban seguros de que yo era Rudolf el sanguinario. Me costó convencer a aquellos picoletos de que era una gacela Thompson y no un reno. Otra vez tuve que cantar " My bambina " en falsete, y esta vez me salió bastante peor. No hubiese podido convencer a nadie de que era humano, pero pude pasar por una gacela. Así que sólo me acusaron de confundir a la justicia y me conmutaron la pena de muerte por 2000 fines de semana sirviendo a la comunidad pastando en Central Park para arreglar la hierba. Después de eso volví a mi casa y en la actualidad no soporto la lechuga.”


Nuff Said!!!



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